Todo está en la mente…

Pasa uno las semanas a una velocidad inaudita.

Solemos ir corriendo de un lado a otro, deprisa, sin parar, sin detenernos. No sabemos ni lo que hacemos; no sabemos lo que otros no hacen. No miramos, no sentimos el presente. Corremos. Simplemente corremos con las mentes envueltas en mil asuntos, en mil preguntas y respuestas que ni siquiera escuchamos.

Cuando paras, cuando piensas, cuando sientes, cuando contemplas, cuando meditas, cuando reflexionas, cuando escuchas, te das perfecta cuenta de lo que haces y no haces, de lo que es importante y no es; de lo que crees un problema y simplemente es una estupidez más de esa mente tuya incontrolada. Cuando paras, simplemente controlas.

Comenzar los días con vértigo. Vértigo provocado por las listas interminables de cosas que hacer y problemas que resolver. 

Como el que sale a toda velocidad en el inicio de la carrera, sabiendo que a esa velocidad es posible que no llegue a la meta. Parar.

A veces algo no programado ni pensado con antelación te hace parar.

El otro día necesitaba una información, entré, la pedí y, simplemente, con una amabilidad extrema, me invitaron a detenerme, a pensar, a calmarme.

El momento me cambió el resto de la semana. El momento sirvió para reconocer que soy culpable de mis sufrimientos; somos los culpables de nuestros sufrimientos. Corremos porque queremos. Tratamos de controlar lo que no está en nuestra mano controlar. Nos importa lo que piensan los demás de nosotros. Nos exigimos demasiado. Buscamos la felicidad en lo material. Creemos que acaparando tarjetas bancarias, tarjetas de visita con cargos, títulos, conseguiremos esa felicidad que internamente somos incapaces de encontrar.

Todo está en la mente.

Nos preocupamos de mil cosas. Creemos que aquello que nos ocurre a nosotros es único, que parece que vivimos en un constante problema o desastre, que todas las adversidades nos rodean y acompañan. Generamos una ansiedad solo fruto de nuestros pensamientos sin darnos cuenta que sólo son eso, pensamientos.

Nada afuera puede vencernos si somos fuertes por dentro. La debilidad mental nos hace sufrir.

Muchas veces, la mayoría, nuestros sufrimientos son única y exclusivamente fruto de un pensamiento; cuando el pensamiento se diluye, se evapora el sufrimiento. Luego entonces, ¿por qué no somos capaces de controlar nuestros pensamientos? 

 

Tocar para creer

Entrenar.

Nos llenamos de aparatos tecnológicos de última generación, creemos saber todo porque accedemos más fácilmente a la información que antiguamente. Pero ¿hay más felicidad en el mundo que en la época de nuestros abuelos? Yo creo que no. Lo material y el conocimiento no nos hace más felices. ¿Por qué? Porque la felicidad y el sufrimiento son estados mentales. Debemos aprender a controlar nuestra mente. Debemos conocernos por dentro. 

Somos esclavos de nuestra mente, de nuestros pensamientos.

Todo depende de nuestra mente. Lo bueno y lo malo. Podemos tener un instante que creemos feliz porque, por ejemplo, estamos disfrutando de una taza de chocolate caliente con churros.  Si en ese momento alguien nos dice que estamos gordos, nuestra felicidad termina exactamente en ese instante. ¿Por qué? Porque no somos felices internamente.

Cuando una persona está feliz internamente, consigo mismo, no le importa lo que piensa el resto, le da igual.

Debemos guardar nuestros momentos. Vivirlos para nosotros porque son nuestros.

No podemos controlar lo externo. ¿Por qué preocuparnos entonces? ¿Por qué sufrir si hay cosas que nos pongamos como nos pongamos no podemos cambiar?

Algunas de las cuestiones a las que me enfrentaba esta semana ya no tenían solución. Simplemente había que tomar decisiones y caminar hacia delante sin mirar atrás. Mucho de mi sufrimiento ha sido por algo que ya no podía arreglar. Por darle vueltas y más vueltas hasta extremos innecesarios. Es un sufrimiento inútil.

Creo que pensar en esto, meditarlo y tratar de ponerlo en práctica, es el mejor camino para encontrar ese equilibrio que todos anhelamos.

 

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‘¿Sólo los poetas aman?’ por José Luis Moreno

"¡Y tenía corazón!", de Enrique Simonet
“¡Y tenía corazón!”, de Enrique Simonet
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Un rayo de sol penetra, traicionero, por la ventana de la oficina hechizando la pantalla del ordenador que, hasta este momento, contemplaba absorto en no sé qué pensamientos. Y así, desde la nada escribo estas líneas siendo consciente de que lo vulnerable produce sed de poesía.

Se dice que solo el poeta es capaz de amar con la máxima intensidad, pero que también, que solo son los poetas aquellos menos amados.

Los poetas exaltan la belleza, la sensibilidad, el amor y el desamor.

Construyen con versos sus miserias, sus penas y alegrías; dan forma con sus palabras a la emoción, al sentir y al amar. Los poetas son esos raros que deambulan como idos por la acera, pero que viven y se apasionan del momento que se les ofrece hasta perderlo del todo.

Leía estos días un fascinante artículo de Cesare Pavese. De Pavese disfruté, cuando empezó mi abrumadora pasión por la literatura diarística, El Oficio de vivir, su diario comenzado en 1935.

Pavese se suicidó en Turín, en la habitación de un hotel tras tomar 12 sobres de barbitúricos y anotar en un ejemplar de su libro de poemas Diálogos con Leucó:

“A todos pido perdón y a todos perdono”.

Parece que Pavese nunca había amado a una mujer y nunca había despertado junto a otro cuerpo. Pavese nunca habría sido amado. Había sentido alguna pasión por alguna célebre mujer pero luego le abandonaba o casaba con otro.

Y es que queremos pensar que el amor es tan fácil como deshojar una flor. Pero el amor es tan difícil que genera locuras y miedos, de ahí que el suicidio esté tan unido con el amor o el desamor.

La máxima que invita al amor es la correspondencia. Un amor no correspondido se apaga hasta quedar deshecho en unas cenizas difíciles de volver a arder.

No sé por qué, escribiendo esto me ha venido al recuerdo la imagen de una fotografía que hace tiempo me impacto. En la fotografía aparece Evelyn McHale, que, dicho sea de paso, se la conoció por ser la protagonista de la trágica imagen.

Evelyn fue una joven nacida en 1924 cuya muerte es recordada por ser un suceso inusual y, quizás, único hasta el momento. McHale se suicidó a sus 23 años, saltando del piso 86 del edificio Empire State, impactando sobre una limusina estacionada, destrozándola totalmente, pero sin que el cuerpo de ella reflejara daño físico alguno, sino que parecía haberse posado suavemente sobre el vehículo, con una serenidad amorosa en el rostro, sosteniendo su collar y aparentando estar dormida.

El hecho ocurrió el 1 de mayo de 1947. Su prometido declaró entonces que, un día antes, ella se despidió de él muy feliz. A la mañana siguiente, Evelyn compró un boleto para subir al mirador del gran rascacielos, ubicado en la planta 86, para luego, simplemente, saltar.

Al caer impactó con la limusina que estaba estacionada frente al edificio, sin ocupantes, casualmente perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas. Nunca se supo los motivos que tuvo para tomar semejante determinación. En la plataforma de observación del edificio, la policía encontró el abrigo gris de la señorita McHale, su cartera con algunos dólares, fotos de la familia, y una nota de suicidio:

“Él está mucho mejor sin mí… yo nunca seré una buena esposa para nadie.”

La altura desde donde McHale saltó era inmensa y se podría esperar ver un cadáver totalmente desmembrado, resultando en una escena muy desagradable. Pero no fue así. Apenas 4 minutos tras el impacto, el fotógrafo Robert Wiles, tomó una fotografía donde curiosamente ella no parece muerta sino dormida plácidamente ya que su cadáver, extrañamente intacto, estaba recostado en una posición casi artística y quienes lo presenciaron no podían creer lo que veían.

La fotografía se publicó días después en la revista Life bajo el título “El Suicidio más Hermoso”.

Es una imagen trágica pero poética; una imagen que irradia amor. Evelyn McHale se suicidó por amor, que nadie lo dude, por exceso de amor. Por eso el amor debe ser tan controlado como medido.

En el amor, lo fundamental es no pensar en cómo queremos que sea la persona a quien amamos, sino dejar que esa persona sea tal como es. Tratar de hacer de los demás lo que nosotros queremos es obligar a un comportamiento falso que más tarde o temprano desaparece.

Tampoco debemos comportarnos nosotros como pensamos que la otra persona nos quiere ver. Eso es vivir en una especie de teatro continuo que podría convertirse en una película ajena a lo real. En el momento que se apagan las luces o que amanece antes de tiempo, todo desaparece.

El amor es poesía siempre y por ello nunca hay que perder la oportunidad de amar, y también dejarse ser amado.

Sólo un poeta, un escritor que vive lo que siente y siente lo que vive, es capaz de arriesgar o mantener en su vida llamas de amor que le hagan mantenerse vivo, de una u otra manera, y que le permita seguir escribiendo mientras sus párpados continúan vibrando frente al papel.

Y es verdad, ¿sólo los poetas aman?

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Meditando…

A veces pretendo no hacer nada, pero termino paseándome por las páginas blancas de mi cuaderno  y escribir algo. Es una especie de aptitud mental. Lo he estado dudando hasta este preciso momento que, por fin, he dejado el libro que tenía en las manos y me he decidido, forzoso, a encontrarme con mis absurdas palabras.

Termino el día bien. Pienso en los ajetreos de la jornada, en los excesos y carencias, en lo mejor o peor.

Llego con necesidad de orden y calma. He dejado atrás los fracasos, los expedientes incompletos y los versos sueltos que no llegarán a convertirse en poema. Quiero dejar esos problemas de difícil solución porque ya aparecerán otros más fáciles o difíciles de solucionar.

El hombre vive en su eterno problema.

Asumo que el mañana volverá a traerme fracasos, o no. ¿Quién lo sabe? Pero también consigo reconocer que son más los momentos en los que uno siente el privilegio de vivir que esos otros que nos cuesta caminar.

Tal vez los años me pidan más calma, más orden. El orden te sacude de tiempos innecesarios y estúpidos. El orden te aporta más momentos interesantes, de vida.

Y tal vez los años, también, me requieran meditar más. Menos hábitos tontos y buscar más encuentros con uno mismo que, al fin y al cabo es la única forma de darte cuenta de los que haces y no haces correctamente.

A veces nuestros sufrimientos nos los provocamos nosotros mismos, por esa manera tan absurda que tenemos de ver las cosas, de enfocar o no cada situación.

Tal vez busque en este año más espiritualidad, más tranquilidad, más salud mental y física. No es un reto fácil pero todo reto, con esfuerzo, con voluntad de acción, es una ilusión cada día.

Si somos felices mentalmente posiblemente el resto importe menos o nada. Los miedos, las preocupaciones, el estrés que nos provocamos a nosotros mismos dando vueltas y vueltas a todo aquello que nos preocupa, nos hace más daño del que pensamos.

Nos creemos que solo el daño físico puede perjudicarnos. Es mayor el deterioro mental que nos producimos con nuestras preocupaciones.

Buda decía que solo había enseñado una cosa: el sufrimiento y su cese.

La primera Noble Verdad del budismo es que la naturaleza de la vida es sufrimiento. Dukkha, en sánscrito sufrimiento. La vida está llena de sufrimiento: ansiedades, estrés, insatisfacciones, las enfermedades, el envejecimiento. 

Queremos controlar lo que es incontrolable y eso nos genera ansiedad. Queremos controlar el momento, pero no es algo que podamos controlar. Debemos vivirlo.

Queremos que las cosas sean distintas de como son, algo que es imposible. Eso nos llena de frustración.

Todo el sufrimiento está en nuestra mente.

Cambiar la mente, meditar, encontrarnos con nosotros mismos y llegar al sukha, que es lo contrario del dukkha: felicidad, alivio y consuelo.

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IDOMIA , primera empresa de licitación de obra de edificación privada ya en Madrid.

  • Con una garantía reconocida por clientes de toda España de ahorro en tiempo y dinero en el ámbito de la construcción, las reformas y las rehabilitaciones.

idomiaObraalacarta

Idomia aterriza en el barrio de Salamanca de Madrid para prestar sus servicios integrales de estudio, licitación y comparación en construcción, rehabilitación y reformas en la Comunidad de Madrid:

Idomia Madrid – Obra a la Carta.

Idomia Madrid garantiza al cliente no solo un ahorro en tiempo, sino un ahorro que llega hasta el 30% en los precios finales de su obra, junto con un aumento de las garantías de calidad y ejecución de un 100%.

Idomia Madrid se dirige a aquellos clientes exigentes, particulares o comunidades de vecinos, administradores, cooperativas de viviendas, promotores etc., que quieren ahorrar tiempo y dinero en la construcción, reforma o rehabilitación y no quieren estar preocupados más que por recibir su obra realizada con todas las garantías de calidad y fiabilidad.

¿Cómo funciona?

Los pasos son muy simples.

Pongamos un cliente que quiere reformar íntegramente su vivienda, rehabilitar una comunidad de vecinos o construirse una casa o promoción de viviendas.

Lo tradicional sería encargar mediciones o proyectos, comenzar a pedir presupuestos a empresas, recibirlas, darles datos de mediciones, buscar recomendaciones, recibir presupuestos, estudiarlos, fiarnos de lo que nos dicen y arriesgarnos con uno de ellos.

Idomia Madrid te hace todo eso y más, con garantía y transparencia.

1º Un arquitecto te visita y hace una medición profesional de la obra a realizar.

Se realiza un análisis de viabilidad, volumen, estudio económico de la obra nueva, reforma o rehabilitación.

Elaboramos un Pliego de Condiciones y lanzamos la licitación de la obra en la Plataforma de Idomia que reciben más de 100 empresas del sector que están dadas de alta con anterioridad en la plataforma.

Total transparencia. Idomia Madrid es empresa certificada con el sello de calidad de Confianza Online, somos 100% imparciales, no estamos atados a ninguna empresa limitándonos a proporcionar al cliente una forma sencilla y transparente el acceso a información útil para optimizar su inversión sea cual sea.

Recibimos las ofertas. Las empresas del sector saben que están compitiendo entre ellas, pero la plataforma evita el conocimiento de la oferta entre cada una de ellas así como el conocimiento por parte del cliente del nombre de las empresas que pujan hasta la finalización del plazo.

Se analizan todas las ofertas y realizamos un exhaustivo informe de cada una de ellas: precio, plazos de ejecución, avales, solvencia técnica y económica, etc.

El cliente, con nuestro asesoramiento, estudia y analiza el informe y adjudica la obra.

Realizamos un control de calidad y ejecución de los servicios de la empresa.

¿Sólo pueden ofertar empresas que están dadas de alta en Idomia?

Sí, ya que solo pueden estar dadas de alta empresas que han aportado con anterioridad una serie de documentación como experiencia acreditada en años, solvencia económica, estar al corriente de impuestos, trabajadores dados de alta, etc. Exactamente lo mismo que si fuera una licitación en la administración pública.

Idomia Madrid es Oficina Técnica, es Decoración, Construcción, Rehabilitación y Reformas. Cientos de clientes en toda España nos avalan y más de 1.000 empresas de toda España trabajan con nosotros.

¿Qué le cuesta al cliente?

Nada. El cliente no paga nada. Las empresas que están dadas de alta en la plataforma abonan un canon por cada obra.

¿Qué tiene que hacer un cliente que esté interesado en los servicios de Idomia Madrid?

Llamarnos al teléfono gratuito 900 907 025 o solicitar información en info@idomiamadrid.es  un Arquitecto Técnico se pondrá en contacto e inmediatamente le visitaremos.

También puede visitarnos en nuestras oficinas de estamos en

Diego de León, 22 6 ª planta de Madrid o en nuestra

página web www.idomiamadrid.es

https://www.facebook.com/idomiamadrid/

https://twitter.com/IdomiaMadrid

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‘Cuestionar, pensar, dudar’ por José Luis Moreno Coach

En busca de nuevas sensaciones y experiencias

Mirando al horizonte sobre un paisaje manchego
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Contemplo el anochecer, como contemplo cómo terminan los días y las semanas.

Un fin de semana necesario. Un fin de semana respirar esa tierra mía, quijotesca, que me inyecta, entre los cielos azules del día, que planean sobre los trigales áureos, y el baño de estrellas que amamanta la noche, un sinfín de versos: Minaya.

Y así, pensaba, mientras leía algunos artículos de los suplementos literarios del fin de semana, que la literatura, la poesía, es una vía de escape en la vida de muchos. Nos desahogamos sobre las hojas de nuestros cuadernos, creamos esas vidas que tal vez nos hubiera -o gustaría- vivir, pero que por falta de valentía o decisión, no vivimos.

En cada libro existe una vida; en cada poema, el poeta desangra sus emociones y sentimientos buscando la esencia del momento. Cada estrofa, cada línea, cada verso, es un aliento, un suspiro o un momento.

Por eso llegamos al final de los días buscando otro tipo de sensaciones, esas que nos permitan reencontrarnos más con nosotros.

La verdad es que siempre me ha dado igual lo que piensen unos y otros de mi, como me da igual también lo que haga el otro mientras que su acción no repercuta negativamente sobre los míos.

Tendemos a estar más pendientes de lo que hacen los demás que de nosotros. Y eso provoca, en numerosas ocasiones, que nuestras vidas sean tan ajenas a nosotros como lo deberían ser, realmente, las del resto.

Siempre he preferido decir que callar. Y siempre he preferido a aquel que grita y dice lo que piensa, aunque a veces se equivoque, que a ese modosito que calla y luego te navajea por detrás.

Por eso cuando llegas al final del día, cuando uno va notando que el cansancio le acompaña más de lo habitual, es cuando se entretiene más en dudar.

La duda es el motor de nuestra vida si somos capaces de, junto a ella, tomar decisiones sensatas.

Sin dudar no se conoce. Sin equivocaciones tampoco.

Dudar es preguntarse, es no quedarnos satisfechos con nada, no acomodarnos, no creer lo que nos dicen.

La duda nos obliga a preguntarnos, nos hace equivocarnos para volver a reflexionar o cuestionar hasta nuestra propia existencia.

Por eso las dudas pueden ser siempre un referente en nuestras vidas. Las dudas marcan la prudencia.

Y eso creo. Nos cargamos de tanto que somos capaces de liarnos nosotros mismos de tal manera que, sin darnos cuenta, nos vemos envueltos en un todo olvidando nuestro ser.

Por eso es tan importante buscar nuestro bienestar interior.

Por eso es tan importante ser capaces de renunciar a todo aquello que sobra, que normalmente es mucho más de lo que pensamos.

Por eso es tan necesario agradecer, valorar y apreciar todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

La felicidad no está ahí afuera, está aquí, está dentro de cada uno.

Nuestra debilidad está en creer que todo lo externo es lo que nos provoca felicidad.

No pensamos en nosotros porque nos han hecho creer que eso significa egoísmo. Y no es así.

Últimamente contemplo, siento, que las adversidades no impiden ser feliz, lo impide nuestra forma de pensar.

Pensar, cuestionar, dudar, reflexionar. Vivir en una eterna duda como el que habita dentro de uno de esos globos de jabón que en cualquier momento puede ser explotado.

Y lo cierto es que, bajo la noche, uno escribe ciertas chorradas que luego, al releer, ni siquiera sé cómo han podido llegar aquí.

Sinceramente, prefiero guardarlas en este pequeño rincón a que queden perdidas en esa mente mía que continuamente bulle en ideas, pensamientos, proyectos y dudas.

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La Confianza.

Cuando existe un problema, de nada vale estar dándole vueltas y vueltas, lo mejor es enfrentarte a él con valentía e intentar resolverlo lo más rápidamente posible, en caso contrario terminará por enquistarse.

La mente, si no vomita, te puede hacer un esclavo en la vida.

Cada día es una experiencia y cada día es capaz de hacerte sorprender. Alguno de los hechos que vivimos en el día a día, nos llevan  a reflexionar hoy sobre la confianza.

En mi caso creo que nunca aprenderé a no confiar. Defiendo la confianza y huyo de los desconfiados. Seré confiado siempre y eso, que conocen los demás, nos lleva a cometer errores que luego  desestabilizan o rompen el equilibrio.

La confianza en la vida se gana a base de esfuerzo y mucho trabajo, se pierde con la estupidez de un momento.

El valor de una persona está en la confianza que genera a los demás.

Me ha ocurrido con pocas personas, no más de los dedos de una mano. Pero me ha ocurrido y, uno tras otro, cuando no debería ocurrir más, vuelve a suceder. Aparece el que, aprovechando situaciones de teórica amistad, el buen hacer de los demás, busca, escondido en falsas caretas de honestidad, el interés particular por encima del interés general. Cae en el engaño y la falsedad, sin saber o comprender que tarde o temprano, todo se descubrirá y lo que pierde es mucho más de lo que gana.

Nunca he permitido que los errores de una persona terminen con los sueños de un grupo.

Arreglo los desaliños provocados por delincuentes emocionales, por mentirosos compulsivos, que no llegarán jamás a nada en su vida porque no saben que en este largo camino, lo primero de todo, lo esencial, es mejorar día a día en virtudes como la lealtad y la confianza.

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La confianza en la vida se gana a base de mucho esfuerzo y se pierde en un solo instante estúpido; decía, también, que el valor de una persona está en la confianza que genera a los demás.

Hay personas que se dedican, unos de manera consciente otros inconscientemente, a jugar con la confianza, lealtades y compromisos del resto.

No le dan importancia a nada y les da exactamente igual las consecuencias que provocan sus actos.

Se esconden en falsas ignorancias, en caretas de bondad, para eludir la responsabilidad de sus actos. Es más, buscan culpables de lo que ellos mismos han provocado para eludir su culpa.

“El que dice una MENTIRA no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.”  Alexander Pope

El engaño sólo tiene un significado: hacer creer a alguien por medio de palabras, acciones, etc., lo que no es verdad, u obtener un beneficio de alguien aparentando o haciéndole creer algo que no es verdad.

Engañar a un amigo tiene dos significados a cuál más grave: el del engaño y el de la deslealtad.

Coger lo que no es tuyo tiene un nombre.

Coger lo que no es tuyo abusando de la confianza que otros depositan en ti, tiene dos nombres bien conocidos por todos.

Nos cuesta asumir como reales ciertos hechos que van acompañando nuestras vidas, nuestra experiencia vital.

Lo mejor que uno puede dar en la vida es ser ejemplo de sí mismo. Es lo que quedará a sus hijos, la huella que quedará en el camino.

De los errores se aprende, aunque algunos ya estamos un poco hartos de aprender.

Jamás he hecho daño a nadie, en mi vida sólo he tratado de ayudar en lo que puedo a los demás. Confío en las personas porque creo en las personas. Siempre ha sido mi credo. Soy leal hasta lo insospechado con aquellas personas que confían en mi. Tanto es así que a veces supedito esa lealtad a mi interés personal.

A cambio, de vez en cuando, cada cierto tiempo, recibimos el brutal desengaño, ese aviso que te golpea como un martillo sobre tu cabeza rompiendo el camino y reafirmando tus equivocaciones.

“La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.” François de La Rochefoucauld

Con los desengaños no se resiente la vida de uno, que sigue, ni siquiera el bolsillo, que con más trabajo y tesón se recupera; con los desengaños se resiente el corazón y el alma. Ese dolor que queda, ese dolor que es, ese dolor que perdura en el tiempo.

No es fácil corregir un desengaño, no es fácil demostrar lo indemostrable.

Tratar de buscar el significado, el porqué de que alguien haga determinadas cosas, no sólo es una tarea ardua y difícil, sino que puede convertirse en una carga mental de difícil expresión.

Estamos programados para sobrevivir, pero no a costa de los demás. Cuando estamos ante una necesidad vital debemos pedir ayuda y nunca vulnerar ese espacio esencial e irrecuperable que existe entre lo propio y lo ajeno.

Dar un paso atrás cuando se decide traspasar el umbral de lo éticamente correcto es complicadísimo.

De nada valen los discursos, lo que valen son los hechos.

Seguimos caminando.

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‘Equilibradamente egoísta’ por José Luis Moreno Coach

Buscar momentos para uno mismo y olvidarse de todo lo demás por un rato

Reservar un momento de tranquilidad para uno mismo
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Terminas los días, te sientas y analizas, piensas y te das cuenta de que mucho de lo que haces lo haces porque no lo piensas.

Nuestras vidas, con los años, serían dignas de los más fascinantes relatos, de una novela o incluso de esas películas de las que nunca sabes qué final tendrán. Una novela como la vida misma, esas vidas que imaginamos y que sólo algunos tenemos el privilegio de vivir.

Es cuando paramos, aquí, en este instante; frenamos y decidimos no dejarnos llevar por el ansia de escribir y de contar.

Contar y escribir.

Si la vida nos permite tiempo, busquemos esos instantes para escribir y dejar lo vivido a quien nos importe. Sólo quien lee el pasado está preparado para afrontar el futuro.

Me gustaría que mi hijo, mis sobrinos, aprendan de la experiencia de los errores y también del placer de los aciertos. Que conozcan mucho de lo que no se sabe y mucho más de lo que se conoce incorrectamente.

Las vidas no son de los que las cuentan, son de cada uno y sólo uno puede contar su historia vivida.

La vida, si se vive, puede llegar a ser una aventura vertiginosa, asombrosa y substancialmente encantadora.

Hay momentos en los que una fuerza anónima y mentalmente desgarradora te frena. Es ahí donde nos medimos porque nos enfrentamos a ese ser que aparenta ser superior, pero que solo es un reflejo: nosotros.

Superas todo o casi todo hasta que llegas a tu auténtico enemigo: tu yo.

Pensaba que a veces caminamos por la vida con esa sensación de que no dejamos de preocuparnos por los demás, intentando continuamente que todos los que nos rodean se sientan bien. Pero, en cambio, todos los que nos rodean sienten todo lo contrario: que nos dedicamos más a nosotros mismos que a ellos. Te hacen sentir una especie de culpabilidad egoísta.

Nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros padres y hermanos, amigos; nuestro trabajo, el día a día de nuestra economía, todo son presiones que nos obligan a estar pendientes de todo a la vez.

Y entonces parece que nos falta la respiración. Llegamos a sentir un ahogo tan extraño como cercano.

Es ahí dónde creemos que todo puede romperse cuando realmente quienes estamos a punto de rompernos somos nosotros mismos.

Es el momento de respirar. Sentir nuestra respiración en el instante. Ser conscientes del momento y de que lo verdaderamente importante, para seguir construyendo, somos nosotros.

Busca tu momento, encuentra tu momento. No es egoísmo. Es vitalmente importante sentirnos para continuar.

Las personas son capaces de dibujar un circulo perfecto es sus vidas aunque, en muchas ocasiones, estén llenas de adversidades. En cambio otras, envueltos en comodidades y cubiertas sus necesidades, no llegan a encontrar la esencia de su vida.

¿Es tan difícil?

Realmente lo difícil es ser capaces de controlar nuestros pensamientos y emociones. Realmente lo difícil es despertar cada mañana agradeciendo tener otra oportunidad de nuevo para sonreír, para disfrutar del sol, para convertir en versos los momentos, para corregir un camino o pedir perdón, para conocer a alguien o dejarte llevar hasta la orilla de la noche por la ola de la vida.

¿Qué puede haber peor que desaprovechar la oportunidad de vivir?

A veces, un poema surge del momento más insospechado. La poesía es como la vida, te sorprende. Te sorprende caminando, te sorprende sentado en un parque, te sorprende mientras miras por la ventanilla del tren o apoyado en la barra de algún bar con la mente perdida en el infinito. Los versos te llegan cuando te llegan, simplemente tienes que estar dispuesto a recogerlos, a acariciarlos y dejarlos fluir hasta que se conviertan en ese poema que realmente quieres.

No es fácil encontrar el equilibrio vital. No es fácil, en todo ese ajetreo diario, en ese ir y venir con prisas, encontrar nuestros momentos, esos momentos de espera, de sentir verdaderamente la vida, de valorar que más allá de esos problemas que rodean a cada uno, lo verdaderamente importante está en nuestro interior, en esa sonrisa o esos ojos que miran la vida con la luz de la pureza.

Creo que en esto del equilibrio vital, lo fundamental es comenzar a ocuparnos de uno mismo, de nuestra salud física, emocional y espiritual. El hecho de estar bien con nosotros sin duda nos va a producir bienestar y eso se va a trasladar a los demás. No debemos de ignorarnos nunca. Jamás debemos pensar eso de que los únicos importantes son los demás, por encima de nosotros. Esto no es egoísmo, esto es el primer paso para estar bien con los que nos rodean, esos a los que nunca perdemos de vista y a veces nos consumen la mente.

Cuando estás saturado, presionado, envuelto en mil líos a veces absurdos, llega un momento en el que explotas y al hacerlo sueles pagarla con quién menos culpa tiene. Por eso es tan importante encontrar momentos de silencio, de reflexión con uno mismo. En esos momentos de calma tu mente también la encuentra, invitándote a bajar el tono y la presión, de tal manera que, tras unos minutos, te des cuenta que nada es tan importante que merezca enfadarse contigo o con los demás.

Vivir la vida en positivo, aunque incluso a veces sepamos de la dificultad, es la mejor vitamina que podemos tomarnos cada día. Algunos, muchos, viven en una constante negatividad, es una elección de cada uno. Si comenzamos a nublar nuestra mente, podemos caer por el precipicio de la negatividad. Si nuestra mente es negativa, hasta el mínimo problema puede ser un obstáculo que creamos imposible superar. En cambio, si ese pequeño obstáculo, u otro más grande, lo vemos con un pensamiento positivo, será el impulso necesario que nos haga saltar o ignorarlo.

Vivir en positivo requiere esfuerzo, no nos creamos que es fácil. Sin darte cuenta, en muchas ocasiones, te sales del carril positivo y vas caminando largo tiempo por el negativo. Ser capaces de darnos cuenta, atacar esos pensamientos con otros positivos, es la respuesta.

El desorden emocional nos nubla, los malos hábitos. El no marcarnos prioridades puede hacer que nuestras vidas vivan en un constante desequilibrio. Equilibrarnos es fundamental. Vivir los momentos y ser plenamente conscientes de ellos, disfrutando intensamente lo que nos de cada segundo de vida.

Deberíamos de marcar nuestras prioridades, tenerlas clarificadas, hacer una lista de nuestros objetivos más importantes, deshacernos de esos hábitos que nos evitan vivir la vida al máximo y encontrar ese equilibrio nuestro que nos haga sentir y vivir con espíritu positivo, energía y dispuestos a superar cualquier adversidad que se nos ponga por delante.

Se egoísta contigo.

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