Meditando…

A veces pretendo no hacer nada, pero termino paseándome por las páginas blancas de mi cuaderno  y escribir algo. Es una especie de aptitud mental. Lo he estado dudando hasta este preciso momento que, por fin, he dejado el libro que tenía en las manos y me he decidido, forzoso, a encontrarme con mis absurdas palabras.

Termino el día bien. Pienso en los ajetreos de la jornada, en los excesos y carencias, en lo mejor o peor.

Llego con necesidad de orden y calma. He dejado atrás los fracasos, los expedientes incompletos y los versos sueltos que no llegarán a convertirse en poema. Quiero dejar esos problemas de difícil solución porque ya aparecerán otros más fáciles o difíciles de solucionar.

El hombre vive en su eterno problema.

Asumo que el mañana volverá a traerme fracasos, o no. ¿Quién lo sabe? Pero también consigo reconocer que son más los momentos en los que uno siente el privilegio de vivir que esos otros que nos cuesta caminar.

Tal vez los años me pidan más calma, más orden. El orden te sacude de tiempos innecesarios y estúpidos. El orden te aporta más momentos interesantes, de vida.

Y tal vez los años, también, me requieran meditar más. Menos hábitos tontos y buscar más encuentros con uno mismo que, al fin y al cabo es la única forma de darte cuenta de los que haces y no haces correctamente.

A veces nuestros sufrimientos nos los provocamos nosotros mismos, por esa manera tan absurda que tenemos de ver las cosas, de enfocar o no cada situación.

Tal vez busque en este año más espiritualidad, más tranquilidad, más salud mental y física. No es un reto fácil pero todo reto, con esfuerzo, con voluntad de acción, es una ilusión cada día.

Si somos felices mentalmente posiblemente el resto importe menos o nada. Los miedos, las preocupaciones, el estrés que nos provocamos a nosotros mismos dando vueltas y vueltas a todo aquello que nos preocupa, nos hace más daño del que pensamos.

Nos creemos que solo el daño físico puede perjudicarnos. Es mayor el deterioro mental que nos producimos con nuestras preocupaciones.

Buda decía que solo había enseñado una cosa: el sufrimiento y su cese.

La primera Noble Verdad del budismo es que la naturaleza de la vida es sufrimiento. Dukkha, en sánscrito sufrimiento. La vida está llena de sufrimiento: ansiedades, estrés, insatisfacciones, las enfermedades, el envejecimiento. 

Queremos controlar lo que es incontrolable y eso nos genera ansiedad. Queremos controlar el momento, pero no es algo que podamos controlar. Debemos vivirlo.

Queremos que las cosas sean distintas de como son, algo que es imposible. Eso nos llena de frustración.

Todo el sufrimiento está en nuestra mente.

Cambiar la mente, meditar, encontrarnos con nosotros mismos y llegar al sukha, que es lo contrario del dukkha: felicidad, alivio y consuelo.

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IDOMIA , primera empresa de licitación de obra de edificación privada ya en Madrid.

  • Con una garantía reconocida por clientes de toda España de ahorro en tiempo y dinero en el ámbito de la construcción, las reformas y las rehabilitaciones.

idomiaObraalacarta

Idomia aterriza en el barrio de Salamanca de Madrid para prestar sus servicios integrales de estudio, licitación y comparación en construcción, rehabilitación y reformas en la Comunidad de Madrid:

Idomia Madrid – Obra a la Carta.

Idomia Madrid garantiza al cliente no solo un ahorro en tiempo, sino un ahorro que llega hasta el 30% en los precios finales de su obra, junto con un aumento de las garantías de calidad y ejecución de un 100%.

Idomia Madrid se dirige a aquellos clientes exigentes, particulares o comunidades de vecinos, administradores, cooperativas de viviendas, promotores etc., que quieren ahorrar tiempo y dinero en la construcción, reforma o rehabilitación y no quieren estar preocupados más que por recibir su obra realizada con todas las garantías de calidad y fiabilidad.

¿Cómo funciona?

Los pasos son muy simples.

Pongamos un cliente que quiere reformar íntegramente su vivienda, rehabilitar una comunidad de vecinos o construirse una casa o promoción de viviendas.

Lo tradicional sería encargar mediciones o proyectos, comenzar a pedir presupuestos a empresas, recibirlas, darles datos de mediciones, buscar recomendaciones, recibir presupuestos, estudiarlos, fiarnos de lo que nos dicen y arriesgarnos con uno de ellos.

Idomia Madrid te hace todo eso y más, con garantía y transparencia.

1º Un arquitecto te visita y hace una medición profesional de la obra a realizar.

Se realiza un análisis de viabilidad, volumen, estudio económico de la obra nueva, reforma o rehabilitación.

Elaboramos un Pliego de Condiciones y lanzamos la licitación de la obra en la Plataforma de Idomia que reciben más de 100 empresas del sector que están dadas de alta con anterioridad en la plataforma.

Total transparencia. Idomia Madrid es empresa certificada con el sello de calidad de Confianza Online, somos 100% imparciales, no estamos atados a ninguna empresa limitándonos a proporcionar al cliente una forma sencilla y transparente el acceso a información útil para optimizar su inversión sea cual sea.

Recibimos las ofertas. Las empresas del sector saben que están compitiendo entre ellas, pero la plataforma evita el conocimiento de la oferta entre cada una de ellas así como el conocimiento por parte del cliente del nombre de las empresas que pujan hasta la finalización del plazo.

Se analizan todas las ofertas y realizamos un exhaustivo informe de cada una de ellas: precio, plazos de ejecución, avales, solvencia técnica y económica, etc.

El cliente, con nuestro asesoramiento, estudia y analiza el informe y adjudica la obra.

Realizamos un control de calidad y ejecución de los servicios de la empresa.

¿Sólo pueden ofertar empresas que están dadas de alta en Idomia?

Sí, ya que solo pueden estar dadas de alta empresas que han aportado con anterioridad una serie de documentación como experiencia acreditada en años, solvencia económica, estar al corriente de impuestos, trabajadores dados de alta, etc. Exactamente lo mismo que si fuera una licitación en la administración pública.

Idomia Madrid es Oficina Técnica, es Decoración, Construcción, Rehabilitación y Reformas. Cientos de clientes en toda España nos avalan y más de 1.000 empresas de toda España trabajan con nosotros.

¿Qué le cuesta al cliente?

Nada. El cliente no paga nada. Las empresas que están dadas de alta en la plataforma abonan un canon por cada obra.

¿Qué tiene que hacer un cliente que esté interesado en los servicios de Idomia Madrid?

Llamarnos al teléfono gratuito 900 907 025 o solicitar información en info@idomiamadrid.es  un Arquitecto Técnico se pondrá en contacto e inmediatamente le visitaremos.

También puede visitarnos en nuestras oficinas de estamos en

Diego de León, 22 6 ª planta de Madrid o en nuestra

página web www.idomiamadrid.es

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‘Cuestionar, pensar, dudar’ por José Luis Moreno Coach

En busca de nuevas sensaciones y experiencias

Mirando al horizonte sobre un paisaje manchego
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Contemplo el anochecer, como contemplo cómo terminan los días y las semanas.

Un fin de semana necesario. Un fin de semana respirar esa tierra mía, quijotesca, que me inyecta, entre los cielos azules del día, que planean sobre los trigales áureos, y el baño de estrellas que amamanta la noche, un sinfín de versos: Minaya.

Y así, pensaba, mientras leía algunos artículos de los suplementos literarios del fin de semana, que la literatura, la poesía, es una vía de escape en la vida de muchos. Nos desahogamos sobre las hojas de nuestros cuadernos, creamos esas vidas que tal vez nos hubiera -o gustaría- vivir, pero que por falta de valentía o decisión, no vivimos.

En cada libro existe una vida; en cada poema, el poeta desangra sus emociones y sentimientos buscando la esencia del momento. Cada estrofa, cada línea, cada verso, es un aliento, un suspiro o un momento.

Por eso llegamos al final de los días buscando otro tipo de sensaciones, esas que nos permitan reencontrarnos más con nosotros.

La verdad es que siempre me ha dado igual lo que piensen unos y otros de mi, como me da igual también lo que haga el otro mientras que su acción no repercuta negativamente sobre los míos.

Tendemos a estar más pendientes de lo que hacen los demás que de nosotros. Y eso provoca, en numerosas ocasiones, que nuestras vidas sean tan ajenas a nosotros como lo deberían ser, realmente, las del resto.

Siempre he preferido decir que callar. Y siempre he preferido a aquel que grita y dice lo que piensa, aunque a veces se equivoque, que a ese modosito que calla y luego te navajea por detrás.

Por eso cuando llegas al final del día, cuando uno va notando que el cansancio le acompaña más de lo habitual, es cuando se entretiene más en dudar.

La duda es el motor de nuestra vida si somos capaces de, junto a ella, tomar decisiones sensatas.

Sin dudar no se conoce. Sin equivocaciones tampoco.

Dudar es preguntarse, es no quedarnos satisfechos con nada, no acomodarnos, no creer lo que nos dicen.

La duda nos obliga a preguntarnos, nos hace equivocarnos para volver a reflexionar o cuestionar hasta nuestra propia existencia.

Por eso las dudas pueden ser siempre un referente en nuestras vidas. Las dudas marcan la prudencia.

Y eso creo. Nos cargamos de tanto que somos capaces de liarnos nosotros mismos de tal manera que, sin darnos cuenta, nos vemos envueltos en un todo olvidando nuestro ser.

Por eso es tan importante buscar nuestro bienestar interior.

Por eso es tan importante ser capaces de renunciar a todo aquello que sobra, que normalmente es mucho más de lo que pensamos.

Por eso es tan necesario agradecer, valorar y apreciar todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

La felicidad no está ahí afuera, está aquí, está dentro de cada uno.

Nuestra debilidad está en creer que todo lo externo es lo que nos provoca felicidad.

No pensamos en nosotros porque nos han hecho creer que eso significa egoísmo. Y no es así.

Últimamente contemplo, siento, que las adversidades no impiden ser feliz, lo impide nuestra forma de pensar.

Pensar, cuestionar, dudar, reflexionar. Vivir en una eterna duda como el que habita dentro de uno de esos globos de jabón que en cualquier momento puede ser explotado.

Y lo cierto es que, bajo la noche, uno escribe ciertas chorradas que luego, al releer, ni siquiera sé cómo han podido llegar aquí.

Sinceramente, prefiero guardarlas en este pequeño rincón a que queden perdidas en esa mente mía que continuamente bulle en ideas, pensamientos, proyectos y dudas.

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La Confianza.

Cuando existe un problema, de nada vale estar dándole vueltas y vueltas, lo mejor es enfrentarte a él con valentía e intentar resolverlo lo más rápidamente posible, en caso contrario terminará por enquistarse.

La mente, si no vomita, te puede hacer un esclavo en la vida.

Cada día es una experiencia y cada día es capaz de hacerte sorprender. Alguno de los hechos que vivimos en el día a día, nos llevan  a reflexionar hoy sobre la confianza.

En mi caso creo que nunca aprenderé a no confiar. Defiendo la confianza y huyo de los desconfiados. Seré confiado siempre y eso, que conocen los demás, nos lleva a cometer errores que luego  desestabilizan o rompen el equilibrio.

La confianza en la vida se gana a base de esfuerzo y mucho trabajo, se pierde con la estupidez de un momento.

El valor de una persona está en la confianza que genera a los demás.

Me ha ocurrido con pocas personas, no más de los dedos de una mano. Pero me ha ocurrido y, uno tras otro, cuando no debería ocurrir más, vuelve a suceder. Aparece el que, aprovechando situaciones de teórica amistad, el buen hacer de los demás, busca, escondido en falsas caretas de honestidad, el interés particular por encima del interés general. Cae en el engaño y la falsedad, sin saber o comprender que tarde o temprano, todo se descubrirá y lo que pierde es mucho más de lo que gana.

Nunca he permitido que los errores de una persona terminen con los sueños de un grupo.

Arreglo los desaliños provocados por delincuentes emocionales, por mentirosos compulsivos, que no llegarán jamás a nada en su vida porque no saben que en este largo camino, lo primero de todo, lo esencial, es mejorar día a día en virtudes como la lealtad y la confianza.

confianza 3

La confianza en la vida se gana a base de mucho esfuerzo y se pierde en un solo instante estúpido; decía, también, que el valor de una persona está en la confianza que genera a los demás.

Hay personas que se dedican, unos de manera consciente otros inconscientemente, a jugar con la confianza, lealtades y compromisos del resto.

No le dan importancia a nada y les da exactamente igual las consecuencias que provocan sus actos.

Se esconden en falsas ignorancias, en caretas de bondad, para eludir la responsabilidad de sus actos. Es más, buscan culpables de lo que ellos mismos han provocado para eludir su culpa.

“El que dice una MENTIRA no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.”  Alexander Pope

El engaño sólo tiene un significado: hacer creer a alguien por medio de palabras, acciones, etc., lo que no es verdad, u obtener un beneficio de alguien aparentando o haciéndole creer algo que no es verdad.

Engañar a un amigo tiene dos significados a cuál más grave: el del engaño y el de la deslealtad.

Coger lo que no es tuyo tiene un nombre.

Coger lo que no es tuyo abusando de la confianza que otros depositan en ti, tiene dos nombres bien conocidos por todos.

Nos cuesta asumir como reales ciertos hechos que van acompañando nuestras vidas, nuestra experiencia vital.

Lo mejor que uno puede dar en la vida es ser ejemplo de sí mismo. Es lo que quedará a sus hijos, la huella que quedará en el camino.

De los errores se aprende, aunque algunos ya estamos un poco hartos de aprender.

Jamás he hecho daño a nadie, en mi vida sólo he tratado de ayudar en lo que puedo a los demás. Confío en las personas porque creo en las personas. Siempre ha sido mi credo. Soy leal hasta lo insospechado con aquellas personas que confían en mi. Tanto es así que a veces supedito esa lealtad a mi interés personal.

A cambio, de vez en cuando, cada cierto tiempo, recibimos el brutal desengaño, ese aviso que te golpea como un martillo sobre tu cabeza rompiendo el camino y reafirmando tus equivocaciones.

“La intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces.” François de La Rochefoucauld

Con los desengaños no se resiente la vida de uno, que sigue, ni siquiera el bolsillo, que con más trabajo y tesón se recupera; con los desengaños se resiente el corazón y el alma. Ese dolor que queda, ese dolor que es, ese dolor que perdura en el tiempo.

No es fácil corregir un desengaño, no es fácil demostrar lo indemostrable.

Tratar de buscar el significado, el porqué de que alguien haga determinadas cosas, no sólo es una tarea ardua y difícil, sino que puede convertirse en una carga mental de difícil expresión.

Estamos programados para sobrevivir, pero no a costa de los demás. Cuando estamos ante una necesidad vital debemos pedir ayuda y nunca vulnerar ese espacio esencial e irrecuperable que existe entre lo propio y lo ajeno.

Dar un paso atrás cuando se decide traspasar el umbral de lo éticamente correcto es complicadísimo.

De nada valen los discursos, lo que valen son los hechos.

Seguimos caminando.

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‘Equilibradamente egoísta’ por José Luis Moreno Coach

Buscar momentos para uno mismo y olvidarse de todo lo demás por un rato

Reservar un momento de tranquilidad para uno mismo
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Terminas los días, te sientas y analizas, piensas y te das cuenta de que mucho de lo que haces lo haces porque no lo piensas.

Nuestras vidas, con los años, serían dignas de los más fascinantes relatos, de una novela o incluso de esas películas de las que nunca sabes qué final tendrán. Una novela como la vida misma, esas vidas que imaginamos y que sólo algunos tenemos el privilegio de vivir.

Es cuando paramos, aquí, en este instante; frenamos y decidimos no dejarnos llevar por el ansia de escribir y de contar.

Contar y escribir.

Si la vida nos permite tiempo, busquemos esos instantes para escribir y dejar lo vivido a quien nos importe. Sólo quien lee el pasado está preparado para afrontar el futuro.

Me gustaría que mi hijo, mis sobrinos, aprendan de la experiencia de los errores y también del placer de los aciertos. Que conozcan mucho de lo que no se sabe y mucho más de lo que se conoce incorrectamente.

Las vidas no son de los que las cuentan, son de cada uno y sólo uno puede contar su historia vivida.

La vida, si se vive, puede llegar a ser una aventura vertiginosa, asombrosa y substancialmente encantadora.

Hay momentos en los que una fuerza anónima y mentalmente desgarradora te frena. Es ahí donde nos medimos porque nos enfrentamos a ese ser que aparenta ser superior, pero que solo es un reflejo: nosotros.

Superas todo o casi todo hasta que llegas a tu auténtico enemigo: tu yo.

Pensaba que a veces caminamos por la vida con esa sensación de que no dejamos de preocuparnos por los demás, intentando continuamente que todos los que nos rodean se sientan bien. Pero, en cambio, todos los que nos rodean sienten todo lo contrario: que nos dedicamos más a nosotros mismos que a ellos. Te hacen sentir una especie de culpabilidad egoísta.

Nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros padres y hermanos, amigos; nuestro trabajo, el día a día de nuestra economía, todo son presiones que nos obligan a estar pendientes de todo a la vez.

Y entonces parece que nos falta la respiración. Llegamos a sentir un ahogo tan extraño como cercano.

Es ahí dónde creemos que todo puede romperse cuando realmente quienes estamos a punto de rompernos somos nosotros mismos.

Es el momento de respirar. Sentir nuestra respiración en el instante. Ser conscientes del momento y de que lo verdaderamente importante, para seguir construyendo, somos nosotros.

Busca tu momento, encuentra tu momento. No es egoísmo. Es vitalmente importante sentirnos para continuar.

Las personas son capaces de dibujar un circulo perfecto es sus vidas aunque, en muchas ocasiones, estén llenas de adversidades. En cambio otras, envueltos en comodidades y cubiertas sus necesidades, no llegan a encontrar la esencia de su vida.

¿Es tan difícil?

Realmente lo difícil es ser capaces de controlar nuestros pensamientos y emociones. Realmente lo difícil es despertar cada mañana agradeciendo tener otra oportunidad de nuevo para sonreír, para disfrutar del sol, para convertir en versos los momentos, para corregir un camino o pedir perdón, para conocer a alguien o dejarte llevar hasta la orilla de la noche por la ola de la vida.

¿Qué puede haber peor que desaprovechar la oportunidad de vivir?

A veces, un poema surge del momento más insospechado. La poesía es como la vida, te sorprende. Te sorprende caminando, te sorprende sentado en un parque, te sorprende mientras miras por la ventanilla del tren o apoyado en la barra de algún bar con la mente perdida en el infinito. Los versos te llegan cuando te llegan, simplemente tienes que estar dispuesto a recogerlos, a acariciarlos y dejarlos fluir hasta que se conviertan en ese poema que realmente quieres.

No es fácil encontrar el equilibrio vital. No es fácil, en todo ese ajetreo diario, en ese ir y venir con prisas, encontrar nuestros momentos, esos momentos de espera, de sentir verdaderamente la vida, de valorar que más allá de esos problemas que rodean a cada uno, lo verdaderamente importante está en nuestro interior, en esa sonrisa o esos ojos que miran la vida con la luz de la pureza.

Creo que en esto del equilibrio vital, lo fundamental es comenzar a ocuparnos de uno mismo, de nuestra salud física, emocional y espiritual. El hecho de estar bien con nosotros sin duda nos va a producir bienestar y eso se va a trasladar a los demás. No debemos de ignorarnos nunca. Jamás debemos pensar eso de que los únicos importantes son los demás, por encima de nosotros. Esto no es egoísmo, esto es el primer paso para estar bien con los que nos rodean, esos a los que nunca perdemos de vista y a veces nos consumen la mente.

Cuando estás saturado, presionado, envuelto en mil líos a veces absurdos, llega un momento en el que explotas y al hacerlo sueles pagarla con quién menos culpa tiene. Por eso es tan importante encontrar momentos de silencio, de reflexión con uno mismo. En esos momentos de calma tu mente también la encuentra, invitándote a bajar el tono y la presión, de tal manera que, tras unos minutos, te des cuenta que nada es tan importante que merezca enfadarse contigo o con los demás.

Vivir la vida en positivo, aunque incluso a veces sepamos de la dificultad, es la mejor vitamina que podemos tomarnos cada día. Algunos, muchos, viven en una constante negatividad, es una elección de cada uno. Si comenzamos a nublar nuestra mente, podemos caer por el precipicio de la negatividad. Si nuestra mente es negativa, hasta el mínimo problema puede ser un obstáculo que creamos imposible superar. En cambio, si ese pequeño obstáculo, u otro más grande, lo vemos con un pensamiento positivo, será el impulso necesario que nos haga saltar o ignorarlo.

Vivir en positivo requiere esfuerzo, no nos creamos que es fácil. Sin darte cuenta, en muchas ocasiones, te sales del carril positivo y vas caminando largo tiempo por el negativo. Ser capaces de darnos cuenta, atacar esos pensamientos con otros positivos, es la respuesta.

El desorden emocional nos nubla, los malos hábitos. El no marcarnos prioridades puede hacer que nuestras vidas vivan en un constante desequilibrio. Equilibrarnos es fundamental. Vivir los momentos y ser plenamente conscientes de ellos, disfrutando intensamente lo que nos de cada segundo de vida.

Deberíamos de marcar nuestras prioridades, tenerlas clarificadas, hacer una lista de nuestros objetivos más importantes, deshacernos de esos hábitos que nos evitan vivir la vida al máximo y encontrar ese equilibrio nuestro que nos haga sentir y vivir con espíritu positivo, energía y dispuestos a superar cualquier adversidad que se nos ponga por delante.

Se egoísta contigo.

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No me quites el Sol…

 

Parece que, mientras Diógenes tomaba el sol, se le acercó Alejandro Magno, y le dijo: “Pídeme lo que quieras y te será concedido”, a lo que el filósofo, después de meditar un rato acerca del ofrecimiento, respondió: “Hazte a un lado, que me estás tapando el sol”. No quería otra cosa. ¿Para qué?

No me quites el sol; si un día las nubes lo tapan, lo dibujamos.

Tener no es poseer ni dicha ni felicidad. Felicidad es, simplemente, estar sentado en un banco contemplando eso, el sol, dejándote iluminar por su belleza poética; contemplar lo que nos rodea, sin prisa.

Es curioso cómo los momentos en los que sentimos una verdadera felicidad, nuestra felicidad, suelen ser momentos en los que ni pensamos ni nos dejamos llevar por deseos materiales o consumistas.

Esta mañana no necesitábamos nada más que ese baño de naturaleza, de vida, en unas fechas en las que parece que el consumismo comienza a desbordar la mente de muchos.

Pero hoy no quiero reflexionar sobre ese otro mal que nos atrapa y nos lleva: el deseo de tener, por encima de ese gran bien que nos haría el deseo de dar. 

Estaba ahora mismo pensando, por ejemplo, en lo que algunas personas harán  en el día de hoy: pasear, correr, trabajar, dibujar el arco iris a través de los chorros de agua de alguna fuente, contemplar la vida, la poesía, leer, escribir. Sin preocuparse de nada más que de sentir esos instantes de poética espiritual para llenar sus corazones de sonrisas, de momentos felices. Dichosos son.

Otros muchos, la gran mayoría, seguro, corriendo por esos centros comerciales consumiendo, atiborrándose de viandas y dejando en los platos más sobras de las habituales, atragantándose de enseres que no sirven más que para ocupar espacio, todo por el mero placer de tener y tener más. Envidiando, quejándose, prejuzgando. Estúpidos son.

Qué gran diferencia.

La sencillez de lo grande; la importancia de la nada.

Este momento me genera tanto placer como el que he tenido esta mañana bajo el sol. Ahora, envuelto en pensamientos, dejando a mis manos sueltas, dejándose llevar sobre el teclado y escribiendo aquello que puede parecer estúpido pero que, al fin y al cabo, no deja de ser parte de mi. Ese es el placer, esa es la verdadera felicidad, escribir lo que pensamos, la propia vida, por el mero placer de leernos a nosotros mismos.

En ese momento soy incapaz de ver, de leer; soy incapaz casi de pensar, aunque todos los pensamientos se agolpen en este pequeño cerebro mío. Es en este instante, en el que desde este sillón mi mente recorre otra vez esos campos, abraza las nubes o siente esa tierna mirada sin que me vea.

He llegado a desprenderme de mi mismo, como lo hago en estos cuadernos en los que voy desnudando ideas, reflexiones y pensamientos, clasificándolos y disponiéndolos para que vuelen en esa libertad que sólo la palabra provoca.

Me niego a que nadie trate de borrarme momentos así. Tampoco soy nadie yo para borrar los momentos de felicidad de otros.

Adquirir tiempos así es adquirir el más preciado tesoro.

Lo presente es lo que tenemos y lo que dejamos pasar no vuelve.

Esta mañana amanecía entre azules, dejando poco a poco que el sol penetrase en el interior de la ciudad, en sus calles, sin prisa, pero de manera intensa.

Cuándo algo se vive de manera intensa queda prolongado en un tiempo mayor del que tarda en suceder.

Disfrutar de la vida es vivir el presente.

Respirar este olor, pisotear estos campos, contemplar el sol que se escapa inmenso, poético y sentir esa cálida y verde mirada desde la lejana cercanía.

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¿Por qué no haces lo que quieres?’por José Luis Moreno Coach

Olvidar los peros y las excusas y dedicarse a disfrutar la vida

Un ejecutivo bañándose vestido y disfrutando de un cóctel
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Terminamos los días y pensamos que no sobra el tiempo, pero tampoco falta. El orden se convierte en prioridad y, agarrado a él, puedes ir dando pasos y cumpliendo objetivos. Lo más importante, siempre, es dedicar el tiempo a lo que queremos y deseamos hacer, sin excusas, porque no las hay. La esencia del ser está en eso: hacer lo que se quiere y hacerlo en el momento, puede no haber otro.

Debemos reflexionar más a menudo sobre eso: sobre hacer lo que se quiere y se desea en cada momento, sin pensar en los posibles impedimentos. A veces los impedimentos son sólo mentales.

Simplemente desconectar, simplemente respirar, cambiar, meditar y pasear durante un rato por el campo. Simplemente compartir un almuerzo con los tuyos o charlar un rato con unos amigos. Simplemente romper con lo que son los días intensos y hacer algo que te reconforte. Hacer lo que se quiere.

Es curioso lo bien, lo realizados, lo felices que nos sentimos cuando hacemos aquello que queremos hacer. Parece que nos falta el tiempo, que el esfuerzo no es tal porque la mente está inmersa y concentrada, viviendo ese instante que queremos vivir haciendo lo que deseamos.

¿Y por qué no lo hacemos siempre?

Sinceramente creo que somos esclavos de nuestra mente en todos los sentidos. Cuando ella desea hacer algo, lo hacemos. Cuando nos pone “peros”, nos paralizamos y escudamos en mil y una excusas. Nos engañamos a nosotros mismos. No nos damos cuenta de que cuando nuestros deseos no se cumplen (y no me estoy refiriendo a nada material) generamos sensaciones desagradables, caemos en la tristeza, nos sentimos infelices y deprimidos; vivimos amargados.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué ocurriría si realmente hiciésemos lo que deseamos o nos apetece?

¿Qué ocurriría, por ejemplo, si mandásemos a hacer puñetas ese trabajo por el que nos dejamos nuestra vida, pero no nos enriquece personalmente, no nos gusta y no nos aporta más que el mísero sueldo del mes? ¿O qué pasaría si nos pusiéramos a andar mañana mismo y recorrer España caminando durante un año más que con lo puesto? ¿Si comenzásemos ese curso, de pintura o escritura, que tanto nos apetece y llevamos postergando toda la vida porque creemos no tener tiempo?

¿Y si mandásemos a la mierda, civilizadamente, a esa pareja, marido o mujer, que ni nos valora ni nos entiende? ¿O dedicásemos nuestras tardes a nuestro deporte favorito sin que nadie te esté diciendo continuamente que para qué lo haces o por qué? ¿Por qué no llamas a ese amigo o amiga del que hace tiempo no sabes nada y vas dejando pasar los días, los meses sin hacerlo?

¿Y hacer ese corte de mangas al jefe coñazo, pesado y desagradecido que nos genera estrés diario? ¿Por qué no te pones a bailar en la calle si es lo que te apetece, o a saltar o a gritar? ¿Y si llamas ahora mismo a tu madre y la dices lo que la quieres? ¿Por qué no te das ese capricho que siempre dejas para el final… qué final?

¿O qué ocurriría si besásemos a ese chico o chica que en ese instante nos ha gustado? ¿Y si llamásemos a aquél otro u otra con el que parece no quedamos muy bien, tal vez por una mala interpretación del momento?

¿Qué ocurriría si mañana no despertamos? Que no podríamos hacer nada de lo que piensas podrías estar haciendo en estos momentos y no hacer por uno u otro motivos.

Y lo más importante, lo realmente importante es que no es tarde. No lo es. Si ahora estamos leyendo esto, si mañana despertamos, tenemos todavía la oportunidad de hacer lo que queremos. No es tarde.

Todos cometemos errores, todos los hemos cometido, todos podemos enmendarlos. El mayor error que cometemos es dejar pasar el tiempo como si nada. Todos tenemos el mismo tiempo, pero no todos lo disfrutamos igual. Unos lo exprimen, otros lo dejan pasar y otros lo matan.

No estamos obligados a vivir como no queremos. Pero sí tenemos una obligación moral y vital sobre nosotros mismos: vivir el momento como lo deseamos. Merece la pena intentarlo. Merece la pena enmendar. Merece la pena caminar y vivir.

Haz lo que quieras mientras puedes.

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