Trabajar en equipo…

La intensidad profesional de los días nos va dando lecciones.

Cada vez me doy más cuenta de lo importante que es trabajar en común, trabajar en equipo.

En común se vencen obstáculos, se ganan batallas, se consiguen objetivos y la vida es mucho más sencilla.

Nunca he creído en los individualismos sociales y mucho menos en el falso liberalismo que profesan algunos.

Deberíamos aprender más de los animales, ellos, si nos fijamos atentamente en sus actos, son nuestros verdaderos maestros. Su comportamiento, su instinto.

Esta foto, entrañable, que desprende cariño, es de mi amiga Marisol Navajo. Son su familia de gatos, ahí les tenemos a todos, en un pequeño espacio, abrazados, desprendiendo su calor. Realmente una imagen fantástica que he tomado ‘prestada’ de su perfil.

Cuando era pequeño, en el colegio, recuerdo una de esas pocas veces que me dio por jugar al fútbol. El campo me parecía inmenso y yo era malísimo. Jugábamos en el mismo espacio cientos de críos, cada uno con sus partidos, cada uno con sus balones. Todavía no llego a comprender cómo éramos capaces de no confundirnos, de conocer y reconocer cada uno de nuestros compañeros de equipo y cada uno de nuestros contrincantes. En uno de esos partidos, no sé por qué, me vino la pelota a los pies. A mi, que normalmente no me centraba nadie de lo malo que era. Y pensé que era la oportunidad, mi oportunidad de demostrar que yo era igual, o mejor, que los demás. Me puse a correr como loco. Todos me gritaban que les pasase el balón. No me daba la gana. Era mi momento de gloria, sólo mío. A lo lejos, la portería. A lo lejos, el portero del equipo contrario que se repartía el espacio de la portería con los tantos porteros, de los otros equipos, que a su vez jugaban otros partidos. Corrí y corrí y no me encontraba a ningún jugador contrario. “¡Pasa el balón Moreno!”, me gritaba uno y otro hasta que de pronto, no sé cómo, impacté con una especie de armario de chaval, mayor que yo, que estaba jugando su partido. Caí al suelo, perdí la pelota. Se acabó mi oportunidad. Vino hacia mi, corriendo, con sus habituales mocos acuosos chorreando bajo la nariz, Umberto. Umberto era uno de esos niños inteligentes, repipis, que ya de pequeño se había leído todos los libros que sobre las Guerras Mundiales existían. Me miró con odio y me dijo algo que todavía recuerdo: “Una batalla no se gana con una sola espada. Ahora, levántate tu solo del suelo.” No olvidaré aquella frase, cargada de razón.

Fracasamos nosotros, pero vencemos en equipo.

Estos días ha iniciado su andadura un proyecto de equipo: rHabilitec. Tengo ilusión en este nuevo camino.

Estos días le he dedicado el tiempo que me ha dejado libre mis responsabilidades, aportando mi granito de arena para que  comenzara su andadura. Pero muchos granos de arena construyen una montaña, eso es lo importante.

Creo en rHabilitec, ya es un éxito por el hecho de nacer, ha dado el primer paso. Creo en la ilusión que se acumula detrás de la marca.

En equipo las cosas salen mejor.

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‘Y eso del coaching: ¿qué coño es?’ por José Luis Moreno

Habitamos un mundo en constante cambio. Con altos y bajos que nos llevan a tomar decisiones que van construyendo nuestras vidas, poco a poco, peldaño a peldaño, momento a momento.

En este caminar surgen crisis, más o menos importantes; unas son influenciadas por circunstancias externas y otras, derivadas de cuestiones internas que nos obligan a decidir.

Nadie nos dijo que el camino de nuestra vida iba a ser fácil.

En esos momentos o situaciones llamados de ‘crisis’ podemos adoptar dos posturas:

  1. El rechazo: que consistiría en agarrarnos a lo que somos hasta ese momento. Nos defendemos.

  1. La Reflexividad: en este caso viviríamos la situación de crisis como una oportunidad de crecimiento, de cambio.

Y es que a veces, hasta hace unos años, cuando hablábamos de ‘crisis personal’, desde un prisma estable, cómodo, lo veíamos como algo muy lejano a nosotros.

Nadie de nosotros pensaba que, de la noche a la mañana, nuestro jefe nos dijera que ‘estábamos despedidos’, que esa empresa, comercio, proyecto en el que habíamos invertido nuestros ahorros, se fuera al garete y que todo ello, englobado en un conjunto de debacle económica, supusiera que encontrar una salida con rapidez fuera algo más que complicado.

“Lo que somos en nuestra mente en lo que logramos en nuestra vida”.

Buda

O, ¿por qué no? Un problema con tu pareja, la pérdida de alguien querido o ese inesperado cambio que nos bloquea y nos saca del virtual estado de comodidad y bienestar, al fangoso y embarrado camino por el que jamás hubiéramos ni siquiera imaginado caminar.

Confused man and question marks. 3d rendered illustration.

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¿QUÉ ES EL COACHING?

Parece que todo el mundo, sobre todo tras la crisis que hemos vivido, sobre todo, también, por la crisis que hemos vivido, hablamos del Coaching como si fuera un término que conociésemos de toda la vida.

Parece que ahora, todos tenemos un vecino, conocido o amiga que dice que es Coaching y que, por cierto, además sea verdad que lo es.

Hace unos años tan sólo aparecía algún que otro artículo de prensa, normalmente de autor estadounidense; o se aparecía algún que otro famoso, también del otro continente, que presentaba a su ‘pareja’ del momento como su coach, su entrenador personal. Aquí, en España, hasta no hace mucho –y todavía cuesta introducir claramente el concepto y la profesión- eso del coaching ni se conocía.

Pero llegó la crisis y con la crisis, de la que todavía no hemos salido, ocurrió de todo. Cuando digo de todo hablo en términos positivos aunque, siempre, faltaría más, respetando lo sensible y dramático de todas las crisis económicas.

La crisis ha sido un punto de inflexión para mucho y para muchos.

¿Quién en estos últimos años no se ha preguntado por su futuro? ¿Quién no ha sufrido algún palo en su vida? ¿Quién no ha sentido que el mundo se le desmoronaba? ¿Quién de nosotros no se ha visto reflejado en muchas de esas personas que de la noche a la mañana se veían en el paro, sin perspectivas de encontrar empleo, con edades pasados los 45 años, comiéndose los ahorros para pagar los gastos y hundidos, con el ánimo por los sueños pensando que esa zona de confort que creíamos indefinida, se acababa posiblemente para siempre?

En momentos complicados de la vida, en esos momentos críticos, es cuando despertamos. Despertamos porque la vida nos obliga a hacerlo. Despertamos porque si nos quedamos dormidos nos hundimos. Despertamos porque de lo contrario comenzamos a morir en vida.

Y entonces nuestra cabeza ha hacer preguntas, a revolver ideas, a buscar nuevas vías o escaleras que nos saquen del agujero, de ese bache; buscamos salidas o pedimos ayuda para conseguir desbloquearnos.

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Por eso, desde mi punto de vista, el inicio del coaching en España se produce en los primeros años del siglo XXI pero coge auge a partir del año 2007 de una forma muy lenta.

¿Pero entonces esto del coaching qué coño es?

¿Es una nueva religión?

¿Un nuevo método psicológico?

¿Una secta?

¿Un mentor?

¿Una app que triunfa?

¿Un patrocinador?

Coaching, Coach, Coachee. Términos que forman parte de nuestras vidas como si lo hubiesen hecho siempre.

Vamos a tratar de definirlo.

El coach es un entrenador, un guía, un acompañante que te ayuda a encontrar equilibrio y buscar una dirección: la correcta.

El coach ayuda a las personas a ser lo mejor que pueden ser.

El coach te hace descubrir tus creencias y valores.

Cada persona, cada coachee (cliente) es único.

Al igual que todos en algún momento de nuestras vidas necesitamos un coach, todos tenemos algo de coach.

No por muchos títulos o certificaciones eres o te hacen ser mejor coach. Los hay que sin haber pasado por ninguno de esos cientos de cursos, ni tener la certificación por alguna de esas asociaciones, demuestran aptitudes o son mejores coach.

La vida, la experiencia de la vida, las circunstancias vividas, la cantidad de decisiones tomadas, tus buenas o memorables dedicaciones, tus errores y fracasos, te pueden llegar a formar como consejero, acompañante o Coach.

Porque desde mi punto de vista, fundamentalmente eso es un coach: una persona que te acompaña, que saca lo mejor de ti, que te aconseja.

Es como volver a aprender a montar en bicicleta. Tus padres son los mejores coach que han existido: te ayudan a aprender a caminar, te sueltan, pero luego continúan un tiempo pendiente por si te caes ayudarte a levantar. Hasta que vs completamente solo. Hasta que encuentras tu camino. Te sienten seguros, se alejan y te dejan tropezar una y mil veces para que seas tú el que te levantes sin ayuda de nadie, tan solo con el apoyo e impulso del suelo que te sujeta.

El coaching transforma, cambia, te ayuda a jugar mejor tus cartas o cambiar de juego.

El coaching trata con objetivos y logros. Vincula tu sueño con tu realidad.

El coaching te ayuda a liberarte de lo que no te satisface o desagrada y te abre otras posibilidades.

El coach no decide por ti: ni a dónde quieres ir o vas, ni en que tiempo, ni con qué recursos. Te acompaña, te facilita el camino.

El coach te muestra el camino en el que estás, te dice las opciones posibles, te ayuda a tomar otra dirección, la que elijas, y a persistir en el cambio. Te ayuda a decidir.

“Yo no puedo  enseñaros nada, sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos, lo cual es mucho mejor que traspasaros  mi poca sabiduría.”

Sócrates

Cuando alguien se acerca al Coaching, cuando alguien quiere Coaching, es porque está confuso, tiene un bloqueo, quiere ser mejor, vive un momento de crisis.

El Coaching pretende que seas más consciente de ti mismo. Que te encuentres contigo. Que confíes en ti. Que te conozcas.

El coaching es un método, un conjunto de técnicas y herramientas que te ayudan a conseguir los objetivos que quieres.

La ICF (International Coach Federation), principal asociación profesional a nivel mundial, con más de 25.000 asociados en 2015, define el coaching como: “relación profesional continuada que ayuda a obtener resultados extraordinarios en la vida, profesión, empresas o negocios de las personas. Mediante el proceso de coaching, el cliente profundiza en su conocimiento, aumenta su rendimiento y mejora su calidad de vida.”

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John Withmore, gran referente en el mundo del coaching nos dice que: “El coaching consiste en liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño. Consiste en ayudarle a aprender en lugar de enseñarle.”

La definición de la ASESCO (Asociación Española de Coaching) nos dice que:

“El Coaching es el arte que busca que las personas consigan lo mejor de sí mismas en todo aquello que deseen, mediante una relación continuada. Es una disciplina nueva que nos acerca al logro de objetivos permitiéndonos desarrollarnos personal y profesionalmente. Es una competencia que te ayuda a pensar diferente, a mejorar las comunicaciones que mantienes y profundizar en ti mismo.”

Y por último añadiré la definición de Talance Miedaner:

 “El Coaching es un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial llevado a cabo con un asesor especializado o coach, cubre el vacío entre lo que eres ahora y lo que deseas ser. Es una relación profesional con otra persona que aceptará solo lo mejor de ti, te acompañará y estimulará para que vayas más allá de las limitaciones que te impones a ti mismo y realices tu pleno potencial.”

El Coaching es el arte de asistir a otros para definir a clarificar sus metas y objetivos, establecer un camino para logar esos resultados deseados y proveer el apoyo y desafío necesarios que aseguren el logro de lo que es realmente importante para ti.

Te ayuda a producir resultados que satisfacen tu vida.

Te ayuda a conseguir lo mejor de lo que haces o de lo que deseas hacer. Utiliza tu potencial y habilidades, todos tus recursos.

El coach escucha, observa y pregunta. En esta relación crea acción.

El coach maneja herramientas, conocimientos que le permiten reconocer y valorar las emociones del coachee. Observa sus movimientos, sus gestos, el tono de su voz. A partir de ahí le acompaña en ese camino de emprendimiento de las mejoras necesarias para conseguir los objetivos que se plantee.

El coaching es un proceso.

Crea un espacio para la acción reflexiva del cliente sobre sí mismo, a través del diálogo. El coach ayuda a encontrar el sentido a su cliente.

Conocer la realidad, saber dónde se está y definir los objetivos que se persiguen.

El fracaso nos llega, normalmente, por no querer afrontar la realidad de dónde estamos, ni calibrar el impacto de lo que debemos hacer.

Alcanzar las metas nos llevará tiempo, pero el objetivo es alcanzarlas.

El objetivo del coaching no es resolver problemas. El coaching sirve para que las personas se encuentren, se descubran y sean capaces de contestar sus propias preguntas.

Las personas se acercan al coaching porque quieren que cambie algo.

No es algo nuevo, es algo que siempre ha estado ahí. El Coaching es, como he dicho, esa técnica o disciplina que utilizan millones de padres animando, ayudando, potenciando, acompañando a sus hijos.

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No crearse expectativas…

Hoy ha vuelto a ser uno de esos días lluviosos de verano, tormentoso, agradable; días que son propios de esa deliciosa primavera y que se agradecen tras unas jornadas de calor. 


Pensaba que todo es por algo y que todo lo que hacemos tiene tarde o temprano su significado. Pero no hay que esperarlo, si tiene que venir, vendrá.

Hay momentos en los que la vida nos obliga a parar. Unas veces nos mete un bofetón de esos de los que crees no levantar, o te abraza tanto que sientes el agobio del exceso. 

En ese instante podemos quedar paralizados de tal manera que se nos duerme el cerebro.

Unos tiran hacia delante y otros se quedan ahí. Siempre es de agradecer los empujones, las tortas que los cercanos te dan para que despiertes. 

En estos años en los que uno comenzó a pensar más en lo suyo que en los demás, y me refiero a los ajenos, al ámbito político/profesional, esa pequeña parte de la que todavía queda algo y que uno agradece a personas por encima de siglas, es cuando más he notado el valor por parte de los demás.

Es extraordinario comprobar y sentir, cómo en determinados ámbitos, normalmente los cercanos o esos que crees tuyos, el buen trabajo o gestión, importa más bien poco. Cuando convives entre aquellos en los que podría justificarse primasen más otras cuestiones, es totalmente al contrario.

Son lecciones que aprendes en la vida: algunos valoran mucho lo poco y otros desprecian lo mucho.

Hoy me encontraba en el tren con un antiguo compañero y me afirmaba algo de lo que no me ha quedado más remedio que darle la razón: “no hay que quejarse José Luis, lo que hay lo hemos hecho entre todos nosotros”. Es verdad. No vale quejarse; cada uno es culpable, en su parte, de lo que hay.

Y comentábamos, por eso termino el día con esta reflexión, lo tranquilos que ahora andamos. Cada uno con sus cosas, cada uno con sus problemas, sus proyectos, sus aventuras, sus miedos… pero tranquilos. Tranquilo porque sabes que lo mucho o poco depende de ti, no de caer mejor o peor al de al lado.

Los proyectos van y vienen. Nada sin esfuerzo y sacrificio de los unos y otros que te acompañan. La inquietud, el hormigueo, la apuesta… es vivir en un riesgo permanente.


¿Alguien dijo que la vida no fuese… arriesgar?


Las expectativas nos generan sufrimiento, ansiedad. La expectativa es deseo y cuando deseamos que algo ocurra o mejore, tiene siempre esa posibilidad de que no sea así y eso termina por generarnos frustración y pena.


A veces la ausencia de deseo es una virtud. Si ocurren las cosas, que ocurran; si no ocurren, que no ocurran.


Volvemos a ese pensamiento que vengo pregonando últimamente: si no esperamos nada del mañana, vivamos más el presente. Si el presente es hoy, no busquemos o esperemos la felicidad de mañana. Vivámosla hoy.


Sé que puede ser difícil. ¿Somos capaces de vivir sin esperar nada de la vida? ¿Somos capaces de hacer, de dar, sin esperar nada a cambio?


La vida hay que llenarla de dudas, de incertidumbres. Si no tienes dudas vas por ahí como un zombi, esperando algo cada día que no tiene por qué hacerse realidad. 


Crear expectativas absurdas te mediatiza a la hora de tomar decisiones.


Hace tiempo que dejé de tener expectativas, de desear resultados. Hace tiempo que hago, que vivo el presente, que ideo y creo lo que me apetece. Le doy forma, lo trabajo, pero no espero un resultado concreto. Me va mejor. No me llevo berrinches como alguno de los que me he llevado en la vida. 
Lo que tiene que ser será, lo que no tiene que ser nunca será.

 

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Cambiar el día.

A veces parece que nuestro día se viene abajo por el simple hecho de que unas nubes nos acompañen al despertar.

Hay una canción que me gusta muchísimo últimamente y que, casualmente, acababa de comenzar al sacar el coche del garaje: ‘Faded’ de Alan Walker.

¿Dónde estás ahora?/ ¿Todo en mi fantasía? / ¿Dónde estás ahora? / ¿Dónde solo imaginario?… creo que es más o menos la traducción de “Where are you now?/ Was it all in my fantasy?/ Where are you now?/ Were you only imaginary?”

Los inicios de los días son así: como los imaginamos, como los vemos. Cierto es que la letra de la canción no hace referencia al día, ni al clima, ni a las nubes… sino a esa persona que imaginamos o vemos como creemos o queremos que sea,  no como realmente es. Pero así son también los días. Y no son como creemos que son, ni siquiera como amanecen: son como queremos que sean, independientemente de las circunstancias. 

Los días de lluvia nos encojen. No vemos más allá de las nubes que nos cubren y, en vez de disfrutar y sentir el agua como una emoción, un riego de vida del cielo, nos agazapamos en la nostalgia y buscamos lo emocionalmente triste.

Cambiar tu recorrido habitual, tu rutina, es suficiente como para cambiar la percepción de tu día.

Las nubes, la lluvia pueden ser la alegría de la primavera,  la luz de los campos. Salir a la calle y dejarte mojar; chapotear en los charcos y mirar el cielo con gratitud es cambiar la perspectiva del día.

Bañarte de sol o inundarte de silencio. Puede generar esa recarga que necesitabas.

Y eso es lo que puedes hacer hoy mismo: cambiar la perspectiva del día. Es más importante cómo vemos que lo que vemos. Puede que el sol entre por nuestra ventana, pero si no lo vemos dará lo mismo, nuestra vida estará inmersa en una oscuridad ficticia. Puede que el día esté envuelto en nubes y lluvia, pero si queremos saltar de alegría bajo el agua, en la calle, nuestra jornada será la más luminosa de la vida.

Desde hace un tiempo trato de meditar y reflexionar sobre el significado de las emociones. Me encuentro con casos extremadamente diferentes en mi entorno, en el día a día. Esos que lo ven todo oscuro y esos otros que, pese a las dificultades, creen en sí mismos porque encuentran la luz en cada movimiento. Unos llegan y otros se quedan, pero: unos viven y otros no.

Prefiero imaginar, prefiero vivir chapoteando el agua de lluvia aunque me moje, empape o constipe. Prefiero ahogarme mientras disfruto de lo que vivo a morir de sed por guardar el agua por si un día no tengo.

Prefiero comenzar la semana creyendo, a acostarme sin ilusión por el día de mañana.

Así que, amigos, acariciar los días, las semanas;  imaginando siempre y repletos de felicidad mejor que sentados en el sillón pensando que vivís lo que no vivís.


Dónde hay nubarrones, suele esconderse un gran sol. Y si el día amanece con nubes, cambiemos la mirada: veamos un gran sol.

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Divagando…

Hoy me apetecía escribir algo más personal. Es martes pero podría ser cualquier otro día. Brilla el sol con intensidad y creo eso repercute en el estado de ánimo de cada uno.

Esta mañana he paseado por el Retiro, escuchando el sonido de los pájaros, recibiendo el amanecer sobre el lago, y sintiendo cómo así transformo mi mente y mis pensamientos. Veo todo tan diferente en días así que, al regresar a este habitat natural, parece que he estado en otro mundo. Me entra una pereza que me adormece. Me cuesta espabilar.

Mientras camino por el parque me doy cuenta lo que echo de menos mis campos, mi pueblo; su sonido, su despertar, su olor. 

Cada uno tiene su lugar, cada uno su silencio.

Decía Cela que 

“las aguas vuelven siempre a sus cauces y los hombres, salvo en casos de muy amargo tropiezo, retornan siempre a la querencia del paisaje que los vio nacer.”

Qué razón tenía.

No entiendo a aquellos que renuncian a sus raíces, a sus lugares de nacimiento, sus pueblos o lugares. Muchos lo hacen por falta de allegados o casas que les acojan; otros, simplemente porque prefieren olvidar o, tal vez, porque ni siquiera quieren poner en valor lo que es sentirte parte de una tierra, lo que significa tener raíz en algún lado.

Poner en valor lo nuestro. Otro gallo cantaría o pocos ‘gallos’ se atreverían a cantarnos. Valoramos más lo de los demás que lo nuestro. Y es tan sencillo hacerlo como quererlo.

Es verdad que en el mundo habrá una inmensidad de lugares más bellos que Minaya; pueblos hermosos llenos de historia. Pero ninguno es Minaya, ninguno tiene nuestra historia. Minaya es y no necesita ser como los demás. Ninguno huele ni sabe igual. En ninguno eres capaz, por ejemplo, de agarrar montones de estrellas por las noches. En ninguno llegas a escuchar el silencio como allí.  

Solo allí soy consciente de cada momento. Soy capaz de olvidar y analizar con la tranquilidad qué merece cada instante de presente de cara al futuro.

Estos días pensaba que el tiempo corre más deprisa de lo esperado y, sin darnos cuenta, las fechas se nos echan encima y nos llega otra vez el verano.

Es hora de centrarnos. 
Es muy difícil querer estar en todo, pero así, también es fácil que todo quede a medias.

Es hora de eliminar de nuestros días aquello que nos molesta o entorpece la consecución de nuestros objetivos.

Creemos que las cosas son sencillas, o al menos eso nos puede parecer. Pero todo requiere su tiempo, hasta para hacer lo más sencillo.

Toleramos en nuestros días demasiadas cosas que lo único que provocan es agotamiento para llevar a cabo otras muchas.

 

Todo se puede con orden y siendo dueño de tus tiempos.

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La manera de Ver.

Por más que lo pienso, siempre llego a la misma conclusión: los días son como nosotros queremos que sean. Sólo nuestros pensamientos tienen la potestad de convertir nuestros momentos en positivos. Así es, y será, si queremos que así sea.

Salir, por ejemplo, a correr o caminar y ponerte a pensar. Dejarte llevar por tu yo hasta que no eres capaz de controlarte a ti mismo. Es una sensación única.

Y ahí. En ese preciso instante las ideas se agolpan, provocan colapso porque buscan su lugar.

Pensaba que cuando lo unido se desune, se pierde poder.

Que la fuerza del conjunto es la debilidad individual.

Que más vale poco entre todos, que buscar mucho uno para no encontrar nada.

Todos tenemos tics egoístas. Unos, los reconocemos y corregimos; a otros les acompañan toda una vida.

Lo diferentes que somos unos de otros o las diferentes maneras que tenemos de mirar las mismas cosas.

Es importantísimo esa manera que tenemos cada uno de ver cosas o personas.

La forma de cómo vemos a una persona, siendo la misma, depende de la mente de cada uno y eso nos supedita.

 

Todo proviene de nuestra mente. Lo bueno, pero también lo malo. La forma de ver, pero también la forma de imaginar.

 

Todo proviene de nuestras mentes: lo que vemos, lo que imaginamos, cómo vivimos, la manera de relacionarnos con otras personas. Todo está ahí.

Dice el Lama Thubten Yeshe que 

“Una mente negativa funciona para haceros sentir mal porque todas vuestras reacciones están contaminadas. Una mente que comprende funciona con claridad. Una mente clara es una mente positiva.”

La mente tiene un poder innato sobre nosotros. Nos puede encumbrar o devastar.

Una mente clara, limpia, positiva, te genera una vida más saludable y sana. Y es que siempre hay que ser positivo, hasta en los peores momentos.

Cada uno de nosotros somos lo que somos si no nos miramos desde fuera. Por eso es tan importante valorarnos y mirarnos desde dentro.

El coaching busca provocar eso en la persona: encontrar las fortalezas para no permitir que lo negativo se apodere de nosotros y nos paralice.

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Por qué no empiezas por Liderarte tú.

Me escandaliza mucho el poco valor que damos a lo esencialmente positivo y los aplausos que genera lo negativo. Y más me escandaliza el tener que escribir y opinar así.

Cada uno de nosotros somos responsables del caos existente a nuestro alrededor, en nuestra sociedad y país, cada uno somos como pequeños líderes de nosotros mismos bajo  otros que tratan de liderarnos, mejor o peor, al conjunto.

Como decía Krishnamurti

“cada uno en sí es a la vez la sociedad y el individuo, es tanto la violencia como la paz, es esta extraña mezcla de placer, odio y miedo, agresividad, dominación, amabilidad y ternura.”

Y es que somos responsables de nosotros mismos. Somos responsables de lo que hacemos, de lo que votamos, de lo que pensamos y de cómo actuamos.

Criticar, quejarse de lo que uno es responsable es tan absurdo como ponerte en bañador en una hamaca esperando que salga el sol en un día de lluvia (ocurrencia realmente estúpida la mía).

Leemos y conversamos con unos y otros; criticamos, todo el mundo critica, sin aportar nada, sin mirarnos a nosotros mismos.

Parece se ha puesto de moda, por ejemplo, hablar sobre liderazgo. Parece que ahora, en este momento que vivimos, todos sabemos mucho de este término tan importante, o denostado en algunos momentos. Lo cierto, lo curioso, es que la mayoría de los que critican la falta de liderazgo de otros,  o intentan dar lecciones sobre ello,  ni son líderes de sí mismos ni se han preocupado de serlo; en algunos casos, ni siquiera han liderado nada en su vida.

Escribo siempre desde el respeto y la simpatía. Me encanta reflexionar sobre el liderazgo y todo aquello que  tiene que ver con la motivación personal. Es parte de alguno de mis trabajos.

Unos y otros, de unas organizaciones u otras, culpamos al de enfrente o, lo que es peor, al de al lado, de falta de liderazgo. Mi pregunta siempre es la misma: ¿y tú crees que, por ejemplo, lideras tu vida correctamente? Normalmente la respuesta es que “eso no tiene nada que ver”. Pero sí tiene que ver: el primer principio para ser un buen líder es conocerse, saber liderarse a sí mismo.

Tengo muy claro a día de hoy, aunque no lo voy a escribir por aquí, de los cuatro protagonistas de la vida política actual, por ejemplo, quienes, desde mi humilde punto de vista, han demostrado capacidad de liderazgo. Y ojo, liderar no es decir siempre aquello que más gusta oír a los demás. Liderar, por ejemplo, es no mentir, es afrontar las situaciones sin odios o rencores que nublen tu mente, es observar la realidad tal como es y no como te gustaría que fuese. Liderar es, también, ser fiel a tu palabra, ideas y discurso.

Hace tiempo escribí un artículo en el que en unas pocas líneas exponía lo que es para mí el Liderazgo Político (leer Liderazgo Político Emocional’). 

Todos somos líderes, pero no todos somos buenos líderes. Los hay que van por la vida dejándose llevar por otros sin ser capaces de tomar sus propias decisiones.

Liderarse a sí mismo es confiar en sí mismo y ser consciente de cómo te sientes, de tus fortalezas y debilidades.

Hay líderes que creen serlo y no lo son. Y líderes que lo son aunque no lo sepan.

Líder es la madre que cuida de sus hijos, el padre que sale cada día a la calle a buscar sustento para su familia, el trabajador que se sube al andamio por cuatro perras; líder es ese desempleado que no decae en su empeño por conseguir aquello que merece, la mujer que va al trabajo y vuelve a su casa tras la jornada y se pone con los deberes de los niños, el padre que saca horas de dónde no las hay para que su familia pueda vivir dignamente. 

Como decía, líderes podemos serlo todos o no. Lo más importante es ser líder de ti mismo.

Estamos constantemente dando lecciones a los demás, juzgando y prejuzgando, sin detenernos un instante a analizar nuestras vidas, a analizarnos nosotros mismos.

“Es que este tipo, o aquél, demuestra su falta de liderazgo…” Coño ¿y tú? ¿Tú has demostrado algo en tu vida más allá de dedicar el tiempo a criticar a los demás?

¿Por qué no nos detenemos un momento a pensar en ello?

¿No sería mejor comenzar siempre por nosotros mismos? ¿O nos creemos que, por ejemplo, socialmente, hemos llegado a dónde hemos llegado por culpa única y exclusivamente de los demás y su falta de liderazgo? Creo que el primero que falla es uno mismo con su falta de liderazgo interno.

Una familia, una organización, un partido político, una empresa, una sociedad, se construye a base de pequeñas piezas. Si esas pequeñas piezas fallan, son endebles, no resisten, todo se va al garete. No es solo culpa del que encabeza la pirámide; es culpa de todos.

Vivir es un arte. Conducirse, liderarse, vivir con objetivos y metas. Buscar la excelencia personal, humanizar nuestras vidas, ennoblecerlas. Sacudirnos de envidias, de individualismos.

Liderar es tener capacidad para dirigir vidas, claro que sí, pero la primera vida que hay que ser capaces de dirigir es la de uno mismo.

Lo más fácil es dejar que nos den la vida hecha, que tomen decisiones por nosotros, que arriesguen otros, que se equivoquen… ya estaremos nosotros para quejarnos, criticar o juzgar. 

La vida de cada uno es un proyecto, una misión, un camino que recorrer día a día, paso a paso. Y para vivir bien nuestra vida es fundamental, también, ayudar a los demás a que vivan bien las suyas y no estar continuamente poniendo zancadillas al vecino.

Liderarnos es hacernos y crecer como persona y, para ello, no necesitamos grandes líderes que nos protejan, para ello necesitamos ser nuestros propios líderes. Hermoso ¿verdad? Pero qué difícil.

Siento que vivimos momentos de cierta indiferencia, por no decir ignorancia. Me da la sensación de que estamos como aletargados, paralizados, dejando que otros aprovechen la situación o circunstancia de desequilibrio. 

Aplaudimos discursos populistas que hacen avanzar el desorden propiciando la vulgarización de la sociedad.

Líderate a ti mismo como meta. Si lo consigues, no te harán falta otros líderes, ni tendrás que criticar su falta de liderazgo.

“has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.”

Decía Don Quijote a Sancho. Y añadía:

“Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.”

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